¿Familia?

Cinco grados.Dónde pensarán mis padres que podemos ir con este tiempo, que encima llueve, y estamos aquí, perdidos en medio del campo.

He conseguido que me llegue señal al móvil de milagro. Dicen que me vendrá bien “desconectar”. Es que NO entienden nada. No sé que pretenden que hagamos aquí. Sin nada. Árboles. Silencio. Es un aburrimiento y no pienso dirigirlos la palabra hasta que me saquen de este sitio.

17 años y demasiado tiempo para pensar. Eso pensaba Lucía. Estaba preocupada por el nivel de “enganche” de Miguel. Todo el mundo le decía que era normal, que estamos en la era tecnológica y que las nuevas generaciones nacen con las tecnologías entre las manos y bla, bla, bla…

Un fin de semana en la montaña les vendría bien para re conectar como familia pensaba ella. De niño a Miguel le encantaba salir a explorar, perderse en la montaña, coger piñas, inventar historias… ¿Qué había pasado? ¿Tanto tiempo había transcurrido sin que se diese cuenta?

Su niño ya no era un niño. Demasiadas horas trabajando para “darle lo mejor”, y ahora ya no reconocía al extraño que tenía delante. ¿Sería tarde? No lo sabía. Todo esto era nuevo para ella.

Luego estaba su marido… Tampoco ponía demasiado de su parte. “Progresar en su carrera laboral” se habían convertido en las tres palabras mágicas para explicar todo: Llegar demasiado tarde, marcharse demasiado pronto, no tener tiempo para hacer planes juntos… Como consecuencia, ahí estaban los tres, sin conversación, como tres extraños encerrados por obligación en una jaula.


Ana

Alma libre demasiado sensible para estos tiempos que corren.